Inmigración y Lobby

Inmigración y Lobby
Llevo años viviendo en España. De hecho, llevo más años viviendo en España que en el país donde nací. Soy por lo tanto un “Inmigrante”, con toda la carga emocional, afectiva o de otro tipo que uno se pueda imaginar asociada a dicha condición y con toda la sensación de desarraigo que pueda comportar dicha situación. Hasta los 21 años viví en Haití, edad con la que viajé a España y me instalé en Barcelona, para realizar mis estudios universitarios. Hoy, a mis 52 años sigo viviendo aquí. Sin embargo, en este tramo que media entre los 21 de mi juventud y estos 52 de mi madurez, cronológica, intelectual, profesional, he acumulado experiencia, formación, información y creo, humilde y sinceramente, que parte de estos conocimientos deberían revertir en la transformación de Haití, haciendo que además España saque un provecho de ello. Eso es lo justo. La ética lo aconseja.
Mi caso, mis planteamientos, mis preocupaciones, no constituyen un hecho aislado. Como yo, un buen puñado de jóvenes Haitianos se han transformado en “hombres” o en “mujeres” aquí en España. Algunos de ellos/as se han olvidado hasta de su “lengua materna” pero sin jamás olvidarse de su condición de “Haitiano”. Sin darse cuenta, estos jóvenes que llegaron a España “huyendo de algo” o “buscando algo” o ambas cosas a la vez, cambiaron su “estatus” de “estudiante” por el de “Inmigrante”. Sin darse cuenta llevan media vida aquí. Sin darse cuenta se les ha pasado la vida aquí. Así han permanecido, así hemos permanecido debería haber dicho, durante años, huyendo de todo proceso reflexivo sobre el tema. Pensar sobre su condición de inmigrante te lleva a caminos emocionales laberínticos, te conduce hacia rincones emocionales olvidados que crean dolor y tristeza.
La historia de la Humanidad está vinculada a los procesos migratorios. Sin embargo, los procesos migratorios actuales obedecen a una lógica de hechos diferente de la que originó las primeras migraciones. Los motivos cambian pero la gente, hoy como ayer, se sigue trasladando de un lugar a otro. Hoy como ayer, la gente sigue emigrando. Y la gente emigra, a pesar de las dificultades, para establecerse en lugares distintos de su zona de nacimiento. La gente, de condiciones diversas, emigra hacia zonas y países de condición diversa también. Sin embargo, como todos estos desplazamientos son generados por carencias no tratadas, por necesidades no satisfechas, son realizados entonces hacia países mejor posicionados que los de origen. Todos los que se van así, lanzándose en esta difícil aventura que es la emigración, buscan algo que no encuentran o que no han encontrado en su lugar de nacimiento:
- Buscan la “Formación” que no pueden encontrar en su lugar de origen.
- Intentan encontrar un “Sosiego económico” que no les puede ofrecer su país.
- Luchan para poder “Comer” de forma decente.
- Buscan “Refugio” contra “prácticas políticas desviadas y/o perversas”.
- Escapan de “Realidades sociales, religiosas y/o de políticas frustrantes y castradoras”.
Según diferentes publicaciones sobre inmigración, tanto en el caso de las especializadas como en las de divulgación, las cifras que se barajan indican que más de 180 millones de individuos viven, de forma permanente, fuera de sus lugares de origen. Asusta esta cantidad. Preocupa el hecho de que a pesar de ser los recursos de los países ricos más importantes, en un entorno de crisis económica, estos desplazamientos crean bolsas de miseria y focos de conflictividad social. Las restricciones, las trabas para impedir la entrada se hacen más importantes, cada vez más, pero, aun así, estas cantidades, de desplazados, de inmigrantes (legales o no, regulares o irregulares), siguen tendiendo al alza. El número de muertes en las travesías peligrosas, el número de repatriaciones, de expulsiones, da fe de ello.
Si miramos la cantidad de personas que viven fuera de su país de origen, no con la fría mirada estadística sino con los ojos de alguien que forma parte del mismo colectivo y que por lo tanto comparte ciertas de las frustraciones de este colectivo, veremos que 180 millones de individuos viviendo fuera de sus lugares de origen representan un bagaje nada despreciable de vivencias, de sentimientos, de “conocimiento” y, también de problemas. Esta cantidad refleja también otra realidad, la de los desequilibrios profundos, de las asimetrías que se producen en las relaciones entre dos tipos de mundo: el Mundo de los recursos limitados y el Mundo de la opulencia en la distribución de los recursos, el Mundo de los países desarrollados y el Mundo de los países pobres. Y la escasez de recursos, la pobreza económica, la degradación ambiental, los conflictos (étnicos, políticos, culturales, religiosos) latentes o declarados, en vías de solución o enquistados, generan miedo y crean la angustia por buscar un entorno más seguro, generan desplazamiento, “crean inmigración”. Estos desplazamientos se producen y producen cambios temporales o permanentes en el individuo que se desplaza (en primer lugar) y también en los lugares de implantación. Basta con mirar la configuración actual de ciertos barrios de casi todas las grandes ciudades de los países más desarrollados para darse cuenta de ello.
La inmigración por lo tanto no es inocua ni para quien emigra ni para quien acoge al inmigrante. El gran esfuerzo a realizar consiste entonces en sacar el mejor provecho de cada una de las partes que intervienen en este proceso migratorio: el inmigrante, el país receptor, el país de origen. Optimizar entonces esta relación ternaria consiste en conseguir que la red de relaciones a tejer entre el o la “Inmigrante”, el “País receptor” y el “País de Origen” sea una red en la que todas las partes ganen. Por lo tanto, cobra sentido hablar de “Inmigración y Lobby”: El inmigrante utiliza su conocimiento del país de acogida para crear estructuras de “ayuda” a su país de origen. El concepto de “ayuda” se entiende en su sentido más amplio:
- Creación de riquezas en el país de origen a través de inversiones sostenibles.
- Colaboración con el país de origen para tejer redes de solidaridad eficientes con las Instituciones del país de acogida.
- Colaborar para que en el país de acogida se puedan crear estructuras eficientes de colaboración con el país de origen.
Para hacernos entender mejor, vamos a hablar del caso de los haitianos que vivimos en España como un ejemplo posible de lo que se puede hacer. Los Haitianos que vivimos en España, constituimos una de las minorías quizás más particulares, por la configuración, la implantación de sus miembros en la sociedad local y su importancia numérica tan baja. Después de tantos años en España, siendo invisibles a pesar de formar parte de un grupo visible, creo que no podemos no hacer que tanto Haití como España saquen provecho de nuestra presencia aquí, en España. Eso no puede concebirse, no puede realizarse si no actuamos como “Lobby”, intelectual, económico, político. El concepto de Lobby, lo hemos de tomar en su acepción más “noble”, la de un “Grupo” de personas físicas con “intereses comunes” (o con “Un interés común”, el de la transformación de Haití) y que se asocian para influir en las decisiones tomadas desde España con respecto a Haití. También podemos decir que el “Grupo de Presión” trabajaría para incitar a que se tomen, desde las Instituciones de España, decisiones positivas con respecto a Haití, facilitando la creación de estructuras mixtas Hispano-Haitianas que ayuden a crear riquezas en Haití.
Pensar en el sentido de configuración de un Lobby, tender hacia la creación de un Lobby, tiene como objetivo permitirnos actuar en diversos frentes y de forma amplia, en aquéllos en los cuales se manifiestan las grandes carencias de Haití:
- En el sector educativo (financiando pequeños proyectos o participando en proyectos de envergadura).
- En el sector sanitario (participando en la creación de estructuras privadas socialmente sostenibles).
- En el sector energético, sobretodo participando en aquéllos proyectos que faciliten el acceso del individuo a los servicios energéticos básicos.
En sectores productivos que acusan un cierto descuido por parte de los responsables:
- En el sector medioambiental
- En el sector turístico
- En inversiones en el sector agroalimentario
He aquí una forma interesante de Co-Desarrollo, la mejor forma de implicarse, la Diáspora haitiana que vive en España, en la transformación de Haití.
No estoy animando a mis compatriotas a dejar de lado su implicación solidaria con Haití. NO!!! Estoy incitándoles a ir un poco más lejos, a implicarse un poco más en la transformación de Haití (sin las excusas de la situación política o de la corrupción) pero dejando de lado este carácter “caritativo” con el que se tiene a veces tendencia a actuar desde España. Esa forma de proceder no impide que sigamos buscando como financiar o participar en proyectos de carácter solidario, siempre y cuando nos aseguremos que cumplan las condiciones básicas:
- El proyecto en el que participamos o financiamos es pertinente y motivador. La población receptora lo ha de necesitar y le debe motivar la realización del proyecto.
- Un cierto porcentaje de la población de la zona participa en la ejecución del proyecto.
- El proyecto ayuda a crear empleos en la zona de realización, tanto de forma directa como de forma indirecta.
- El proyecto es un proyecto que dinamiza las actividades económicas en la zona.
- Ayuda a la “sostenibilidad global” de la zona, tanto a nivel ambiental como a nivel social o económica.
- Multiplica las opciones de transformación y ayuda a su diversificación.
Por último, sólo nos queda seguir incitando a las Instituciones Españolas a participar en la construcción de Haití y a los inversores españoles a interesarse por el país. Quienes hemos de indicar el camino, hemos de ser nosotros, los Haitianos que vivimos en España, siendo, teóricamente, los que mejor sabemos lo que España puede aportar a Haití, en este momento.
Eso es lo que necesitamos, los Haitianos que vivimos en España. Eso es lo que necesita Haití, en este momento. Es lo que espera Haití de nosotros.
Marc Antoine ARCHER
Físico Industrial

